Consecuencia de la constante búsqueda de artesanos que hicieran este acabado en sus vestidos, tuvieron la oportunidad no sólo de aprender la técnica artesanal a partir de moldes, sino también de hacerse a máquinas plisadoras, pensando sólo en su propio negocio. Girasol crece, y demuestra la habilidad en plisados, llegando a convertirse en fabrica proveedora de este servicio, con el diseño, confección y venta de ropa informal, en Santander.
Los plisados les dieron reconocimiento, lograron experticia y aún hoy se mantiene vigente y heredando su conocimiento a las siguientes generaciones de la familia Navas López, que creció entre telas, pliegues y moda.